Perséfone
Querido visitante: esta es una correspondencia entre dos personajes que me habitan, Gabi y Lía. La primera es mi parte expansiva, viajera, curiosa. La segunda es mi parte tranquila, profunda e introvertida. Ponerlas a hablar entre ellas es una manera de lidiar con mis contradicciones. Y de aprender a amarlas.
La primera carta, aquí.
La carta anterior, aquí.
Para Lía:
No voy a pensar mucho mientras escribo esto. No repasaré cada palabra buscando la que mejor suene. Solo escribiré como quien se adentra en el bosque: con los sentidos despiertos y el temor a la no pertenencia.
Somos náufragos que no saben que lo son.
Los demás son ecos de lo que conocimos o creímos conocer. Vivo un tiempo extraño. Denso como caramelo líquido. Cuando se aligera (sucede a oleadas), vuelvo a caminar. Con la vista fija en un horizonte brillante. Una herida de luz abriéndose en la noche. Lentamente.
Siento cómo me emborrono. Soy un dibujo a grafito que pierde sus formas. Una imagen desenfocándose hasta convertirse en puntos de colores. Ahora entiendo cómo tu mirada me sostenía. En momentos como éste, cuando las líneas se pierden, tú me traías de vuelta a lo concreto. A lo simple. Un anclaje de huesos. Un peso en los bolsillos. Están las palabras. Confío en que puedan rellenarse de tierra y plantar mis pies en ellas. Estos pies que se negaron a echar raíces y que hoy añoran la húmeda oscuridad de los comienzos.
Quería salir un ratito de mí, de la cotidianidad hueca que me traen estos días de aire y otoño. Han cambiado las horas. Llega la noche temprano. Estoy mudando la piel.
Ya sabes cuánto me gusta la imagen de la transformación. Me imagino siendo Perséfone. En mi historia no hay rapto. Desciendo al inframundo a voluntad. Acepto el tiempo del silencio. Ya vendrá la primavera y sus renacimientos. No tengo prisa. Por fin me llena la barriga cierta calma. Quiero probarme la corona de hojas secas y cráneos de aves.
No voy a desgranar mis días. Son días humanos. Con sus kilómetros de carreteras. Sus roces y desgastes. Sus ratos luminosos. Los detalles me los reservo para más adelante. Hoy quería darte un trocito de lo que me pasa por dentro. Eso que solemos ignorar porque no nos paramos a apresarlo en palabras. Eso que no comparto con nadie más. ¿Quién iba a entenderlo? ¿Quién tiene el tiempo de recogerlo entre sus manos?
Sigue sosteniendo el extremo de este hilo.
Prometo no desvanecerme.
Gabi.



Lo tomo entre mis manos.