Espada de papel
Querido visitante: esta es una correspondencia entre dos personajes que me habitan, Gabi y Lía. La primera es mi parte expansiva, viajera, curiosa. La segunda es mi parte tranquila, profunda e introvertida. Ponerlas a hablar entre ellas es una manera de lidiar con mis contradicciones. Y de aprender a amarlas.
La primera carta, aquí.
La carta anterior, aquí.
Para Lía:
Es de noche. En estas tierras de cielo raso y estepa, el frío muerde y la luna dibuja la sonrisa de un gato guasón. La plaza del pueblo es un desierto de luz naranja y piedras viejas. Me he resistido a entrar en el único bar abierto. Un lugar de luces blancas, televisor prendido, tormenta de voces. Pequeño infierno humano. Si tuviera pelaje, no dudaría en bañarme en el gajo de la luna.
Voy a contarte algo. Esta vez no espero nada. Tu mirada es un regalo demasiado precioso. Después de esto quizás no la merezca.
Comencé mi viaje con hambre de distancia. Quería alejarme de lo conocido. La cotidianidad era una lengua viscosa y caliente recorriendo mi espalda.
Me había funcionado en el pasado, ¿por qué no hacerlo de nuevo? Volver a la febrícula de los cambios. Aceptar un trabajo que permitiera la fantasía aeropónica de crecer sin suelo.
Si te soy sincera también deseaba alejarme de ti. De tus manos pesando entre las mías. De la sensación de drenaje lento.
He podido rozar la insuficiencia que me ahogaba. Te lo cuento como quien confiesa un crimen de hace años. Y tan solo unos meses atrás vivía contigo. Podía haber sido mi voz, y no estas palabras, quien te contara de todo esto.
No he sabido hacerlo mejor.
Siento que, en realidad, eres tú la que estás cambiando. Sin necesidad de empujar tu cuerpo. Sin devorar filamentos de novedad para sentirte viva.
Mi espada es de papel. Mi armadura jamás me protegió del frío.
El viaje ha dejado de tener su sentido original. Soy capaz de ver el disfraz de aquel ardor de finales de verano. La excusa quedó desnuda. Es patética su piel blanca, la flacidez de su carne. Soy incapaz de sentir pena. Me puede el asco en el cielo de la boca. Porque ella soy yo.
No se cómo seguir tejiendo este lazo.
Seguiré aquí. Al otro lado. Por si decides contestar.
Gabi.


