Es inevitable: fabricamos autoimágenes para nosotros y para los demás. Pero cuando éstas se vuelven rígidas o difíciles de sostener, quizás ha llegado el momento de darle una pensada.
No siempre pasa de manera amable. A veces nos toca ser los villanos en las historias de otros. Y la imagen se fragmenta. Rota por ese reflejo inesperado y feo.
Esta es una invitación a explorar qué autoimagen estás sosteniendo, a cuestionarla y a darte cuenta de que no eres quién crees ser. Y eso, después del sustico inicial, trae un mundo de posibilidades.











