Capas de realidad
Querido visitante: esta es una correspondencia entre dos personajes que me habitan, Gabi y Lía. La primera es mi parte expansiva, viajera, curiosa. La segunda es mi parte tranquila, profunda e introvertida. Ponerlas a hablar entre ellas es una manera de lidiar con mis contradicciones. Y de aprender a amarlas.
El inicio de la correspondencia aquí.
La carta anterior aquí.
Para Lía:
Hace días que llevo tu nombre en mis pensamientos. Pero cada vez que me enfrentaba a la hoja en blanco no sabía cómo traducir todo esto en palabras. Lo haré así: de forma imprecisa y con la mejor de mis intenciones.
El sol me acompañó en mi viaje. Una luz amarilla que, en latitudes más arriba que la nuestra, tiene ese toque desvaído. Cuando cae sobre los verdes los alimenta desde dentro. Así se ven aquellos prados, los árboles aguantando aún las hojas, una sensación familiar desenrollándose en el pecho.
Los lugares tienen muchas capas. Puedes andar por su superficie y verás la suciedad en los rincones. Tus propias filias y fobias proyectadas como un líquido ambarino sobre calles y personas. Pero yo no iba a eso. Iba dispuesta a encontrarme con otras capas. Unas que viven superpuestas y son más difíciles de ver a simple vista. Aquellas que hablan de la edad de las piedras.
Fue muy oportuno visitar de primeras las ruinas de una catedral. Su arco partido. El cuerpo apenas esbozado por una pared lateral. Antiguo lugar de peregrinaje. ¿Sabes Lía? Yo también bailé. Allí mismo. En aquel prado. Porque la maravilla no hace acto de presencia si no te conviertes tú misma en lo maravilloso, (llevo conmigo lo aprendido).
Ahora, lejos de aquel lugar y sus sensaciones, me acompaña una emoción rara que aún no he logrado acomodar. No todo fue bonito, como imaginarás. Y esa dualidad entre la experiencia mágica y la mundana me tiene inquieta. Mi fuego quiere que lo que no me gusta, arda. Pero dejarlo salir tiene sus consecuencias. Tú tendrías palabras más adecuadas para esto.
Mi querida Lía, ¿cómo se hace para bailar con todas esas capas, con la mugre del mundo y con sus partes luminosas? Siento que estamos hechas de lo mismo y me he cansado de verlo como una lucha. Estoy cansada estos días de luna gigante y atardeceres violetas.
He comenzado a trabajar y eso me mantiene ocupada. Movimiento. Carretera. Visitar lugares nuevos es como desenvolver regalos. He empezado a tener otra vez la vida en los bolsillos. Imaginando que ni siquiera tengo maletas esperando en cualquier hostal. Que solo llevo una bolsa con lo imprescindible. La libertad rozando mis labios mientras echo de menos los tuyos.
Tengo algo para ti, pero prefiero dártelo cuando nos veamos.
Gabi


